Lecciones del empresario más destacado del siglo XX - Konosuke Matsushita
En 1932, cuando tenía 37 años y una empresa exitosa creada de la nada,podía esperarse que Konosuke Matsushita fuera un hombre feliz. Pero no loera. Según John Kotter –cuya investigación ya hemos mencionado– Matsushita"era un ser inquieto, con frecuencia malhumorado y seguía sufriendo deenfermedades físicas misteriosas que lo obligaban a guardar cama".Según testimonios posteriores de quienes lo conocieron más íntimamente,Matsushita había llegado a darse cuenta de que el dinero no traía la paz asu alma, que se sentía culpable por su éxito, y que estaba buscando unsentido más profundo de la vida.
El 5 de mayo de ese año fue un día cargado de significado en la vidaempresarial y personal de Konosuke Matsushita y su Matsushita ElectricIndustrial. Ese día reunió a 68 empleados y ejecutivos de la empresa, yles habló de la nueva propuesta para el MEI: "La misión de un fabricantedebe ser vencer la pobreza, aliviar la miseria de la sociedad en general,brindarle bienestar", les dijo.
Una vez que los productos sean tan inagotables y tan baratos como el aguade la canilla –les explicó– "la pobreza habrá desaparecido de la faz de latierra". Idealismo o utopía, Matsushita tenía claro, no obstante, que lasuya era una apuesta a conquistar a largo plazo, tal vez en el término dedos o tres siglos. “Lo más importante –dijo– es que disfrutemos de la másplena felicidad en nuestras vidas, y simultáneamente, que luchemos por elbeneficio de las generaciones venideras”.
Matsushita creía poderosamente en el papel del lucro. Pero el propósito dela empresa no era para él, según informa Kotter, “maximizar la riqueza delos accionistas ni ganancias a corto plazo. El principal objetivo no erala participación en el mercado, la cantidad de patentes ni el retornoequitativo. La misión no era crear puestos bien remunerados y seguros paralos gerentes. La cosa no estaba en maximizar las exportaciones nigarantizar la defensa nacional de Japón”.
Matsushita no era un gran orador, no ejercía un liderazgo carismático nitenía una personalidad magnética. Pero la clave para crear unaorganización basada en ideales tan altos estaba en un liderazgo medianteel ejemplo. “El efecto-red fue poderoso –opina Kotter–: un conjunto defuerzas alineadas que emitían un mensaje para todos los empleados: unacomunicación que se tornaba cada día más creíble y que penetraba granparte de la armadura del cinismo autoprotector”.
Ya a mediados de 1930, Matsushita se daba cuenta de que el crecimiento dela escala de los negocios generaba un espíritu de arrogancia entre elpersonal y una flojedad en el management. “Debemos tener sumo cuidado paraque esto no suceda”, advertía. La solución para hacer frente al peligrolatente de la arrogancia la encontró, precisamente, en un objetivohumanitario de muy largo alcance. “Cuando uno se fija como meta el aliviarla pobreza en la tierra –observa Kotter–, es difícil mirar lo logradohasta ahora y sentirse arrogante”.
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